Opinión y Debate

16. Jul, 2017

A propósito de chapulines, perredistas y pseudoperredistas tlaxcaltecas: cosecharon lo mismo que sembraron

No se puede rescatar a un partido de izquierda cuando nunca ha comulgado con la izquierda

Los pseudo-perredistas tlaxcaltecas no pueden unir lo que ha sido fracturado desde sus orígenes



Por Pablo Hernández

No hay duda, Shakespeare tenía mucha razón cuando en sus obras históricas, a propósito del gobierno del Rey Ricardo y la posterior usurpación del poder (que es discutible, obviamente) por parte de Enrique de Lancaster, nos hace ver con claridad que "el tiempo determina el futuro de un hombre y una nación"; también de un partido político, agregaríamos nosotros, en relación a nuestra época.

Esto mismo lo podríamos aplicar a los perredistas tlaxcaltecas y al perredismo nacional: el tiempo determinó su legitimación o deslegitimación con relación a sus afiliados, simpatizantes y sociedad en general. Juan Manuel Cambrón y Lorena Cuéllar, son un ejemplo muy claro en la entidad tlaxcalteca; a nivel nacional, Jesús Ortega y Juan Zepeda, ni se diga, pasaron a la historia como políticos sin convicciones y sin rumbo.

La historia, que es la memoria de los pueblos y que tanto nos ha costado conservar a pesar de que gobernantes, dirigentes partidistas y líderes de cualquier índole, la mutilan constantemente, nos ha mostrado que el perredismo nacional y, en especial, el tlaxcalteca está en decadencia, no tienen un líder que los unifique, y esto me recuerda el capítulo XXVI del Príncipe de Maquiavelo, cuando el filósofo florentino, lamenta y espera que algún líder (príncipe) los libere de los bárbaros. Italia dividida, invadida y el pueblo... esperando. Así está el perredismo tlaxcalteca, esperando... Obviamente, hablar de Maquiavelo, desde la perspectiva de Antonio Gramsci, tiene sus detalles, que aquí omitimos y que tocaremos en otra ocasión si es necesario.

Las causas de lo anterior son demasiadas y sería muy osado querer descubrir el hilo negro cuando ya todos conocemos su color, me refiero, a las causas de la decadencia del perredismo tlaxcalteca y nacional; sin embargo, mencionaremos algunas: en primer lugar, desde sus orígenes, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) no es, no ha sido ni será de izquierda.

A lo más que puede aspirar este instituto político es a “profesar una izquierda organizada en partido, con fines electorales, formar parte de un sistema político y ser institucional”. Tiene, en algunos casos, “cierta tendencia hacia el socialismo y el marxismo; en otros, muestra tendencias urbanas, sociales y campesinas; y en algunos más, una gran cantidad de ellos provienen de grupos priístas”. Es aquí, en este último aspecto, en donde se encuentra la razón de por qué no son de izquierda los perredistas tlaxcaltecas ni el perredismo nacional; más bien son chapulines ( obviamente, también hay chapulines en todos los institutos políticos, y algunos, ya probaron todos los colores) cosecharon lo mismo que sembraron, nada o casi nada.

En consecuencia, valdría la pena preguntarnos de qué manera se podrá formar la unidad de las izquierdas perredistas en Tlaxcala, porque hay muchas y de muy variados colores, y peor aún, si no tienen claro qué tipo de izquierda profesan y de qué color son en realidad; esto me recuerda, el Antiguo Testamento cuando el pueblo de Israel demanda un Rey pero no sabían qué tipo de rey querían, tenían dos opciones, teocracia o monarquía. El perredismo tlaxcalteca, ¿ qué opciones tendrá ?. Ya muestran un coqueteo muy marcado con el Partido Acción Nacional, ya hasta se sienten de sangre azul.

Ahora bien, culpar a la corriente Nueva Izquierda, o sea, a los chuchos estatales o nacionales; lavarse las manos como pilatos del declive de este instituto político y decir, por ejemplo, que Alejandro Martínez, Víctor Briones Loranca, por mencionar algunos, se repartieron el botín solos en su tiempo de auge político, sería injusto; también debemos incluir a Minerva Hernández Ramos, Gelacio Montiel Fuentes, y a todos los dirigentes estatales de este partido político, líderes, pseudolíderes, y anexos. Cambrón, Lorena, Rafael Molina, Ángel Luciano Santacruz, Melquiades Morales Pérez, etc., etc. Sólo basta ver el color que defienden ahora, y podremos decir con justa razón que, tanto peca el que mata la vaca como el que le agarra la pata, con o sin traiciones entre ellos. Y Sánchez Anaya, la historia ya dio cuenta de sus actos. Ahora, todos se quieren pasar a morena, van y vienen según sus intereses políticos.

En consecuencia, no hay poder humano que pueda evitar que los verdaderos perredistas se cambien de partido ( me refiero a los de tendencia marxista, socialista, urbana, popular y campesina, no a los de origen priísta ), ya que han trabajado duro desde hace muchos años y, como nunca los tomaron en cuenta, seguramente se irán con Morena (Movimiento de Regeneración Nacional). Este es el verdadero temor para los pseudoperredistas tlaxcaltecas y nacionales, que sus militantes, simpatizantes, y hasta Lorena, los dejen solos, como ya ha sucedido con ésta última, pues ya está trabajando para morena.

Si estos señores hubieran leído las obras históricas de Shakespeare cuando todavía era tiempo, si hubieran discutido y aprendido de Otelo, Hamlet, el Mercader de Venecia, El Rey Lear, otro gallo les cantaría; olvidaron que la sabiduría de la vida impregnada en sus personajes, es algo que no debemos pasar por alto, y el perredismo tlaxcalteca y nacional no se hubiera transformado en un drama de todos los tiempos.

No hay duda, la historicidad es algo que no se les da a muchos políticos; por favor, deja que el tiempo transcurra, de lo contrario, tendrás un presente dormido. Y como siempre, si en algo inquieta o incomoda lo que aquí comentamos, con mucho gusto podemos discutirlo públicamente. Como decía Boccaccio en el Renacimiento, en relación a su libro de cuentos llamado El Decamerón: en un huerto bien cultivado hay zarzas y ortigas, tomen las que les gusten y dejen las que les pinchen, pues por eso, mis cuentos, tienen una introducción. ¡ Hasta la próxima !